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29º Festival de Cine Español de Nantes

Sentido pedagógico.
Jesús Angulo.

Si, como ya hemos escrito aquí en anteriores ediciones, el gran mérito del Festival de Cine Español de Nantes es dar visibilidad a nuestro cine en Francia, su edición de este año ha dado un notable paso adelante. Aunque a algunos esto les pueda parecer baladí, la razón ha sido la presencia de Javier Bardem en la ciudad del Loira. El protagonista de Los lunes al sol, una de las diez películas elegidas por el actor para la retrospectiva programada por el festival, desplegó durante los tres días una actividad que a uno se le antoja extenuante. Presentó las seis películas que se proyectaban esos días, participó en los coloquios de dos de ellas, ofreció una rueda de prensa con la mayor asistencia de medios franceses de la historia del certamen y ofreció una multitudinaria masterclass, acompañado por el director del Festival de San Sebastián, José Luis Rebordinos, en un teatro de la ópera que agotó sus entradas en unas horas. En todas sus apariciones fue recibido como una gran estrella y se metió al público en el bolsillo desde el primer momento. En la rueda de prensa y en su masterclass habló de la dificultad de hacer cine en España debido a la escasez de apoyos oficiales, mostrando su envidia por el apoyo del gobierno francés a su cine; se mostró contrario a los doblajes (“Es como si se doblase a Bob Dylan, poniéndole una voz por encima que la cante traducida”); desmitificó la carrera de actor e ironizó sobre aquellos que se sienten por encima de sus personajes; ratificó su compromiso político (pidió “que no tengan nuestro miedo”, en referencia al ascenso de la extrema derecha en Europa, incluida ahora España) y con el trabajo de Greenpeace, de la que es socio, contra el cambio climático. Llegó desde Cuba y, tras unos días en Madrid, partía hacia Jordania para iniciar el rodaje de la nueva versión de Dune, que prepara Denis Villeneuve.

Por Nantes han pasado en los últimos años muchos de los grandes cineastas españoles (de Carlos Saura a Álex de la Iglesia, pasando por los tres Trueba, Urbizu, Armendáriz, Isabel Coixet…), que siempre han mostrado su claro apoyo al festival. Algo que no ha ocurrido con el ICAA, por ejemplo, cuya ayuda nunca ha pasado de testimonial. Pero, claro, esto no es Francia. Sin embargo, más de treinta mil espectadores han llenado sus salas en la presente edición y, a lo largo de los años, han creado una cantera de cinéfilos que conocen el cine español mejor que un espectador medio de nuestro país.

El jurado presidido por la actriz María Barranco concedió el premio Julio Verne a la mejor película a Petra, de Jaime Rosales, sin duda una de las mejores del año. Yuli, de Icíar Bollain recibió el Premio del Público, mientras León Siminiani obtenía el de Mejor Documental por Apuntes para una película de atracos, y Viaje al cuarto de una madre, de Celia Rico, fue elegida la Mejor Ópera Prima. Por su parte Un cuento familiar, de José Corral, se llevó el premio al Mejor Corto y El silencio de otros, de Almudena Carracedo y Robert Bahar, el del Jurado Escolar, auténtico origen de la cantera de la que hablamos, porque hay que recordar que el festival nació por el empeño de la catedrática de Historia y Civilización Españolas Contemporáneas de la Universidad de Nantes Pilar Martínez-Vasseur como modo de acercamiento de sus alumnos a la realidad española.

27º Festival de Cine Español de Nantes

Jesús Angulo

 La nueva edición del Festival de Cine Español de Nantes tuvo como gran protagonista al cine negro español. La edición se inauguró con Cien años de perdón, de Daniel Calparsoro. Las dos películas que –de manera muy diferente– podrían incluirse en el género, formaron parte del palmarés: El hombre de las mil caras, de Alberto Rodríguez, obtuvo el Premio Julio Verne al mejor film, mientras Que Dios nos perdone, de Rodrigo Sorogoyen, recibió una Mención Especial del Jurado, presidido en esta ocasión por la escritora Lydie Salvayre, hija de exiliados republicanos españoles y premio Goncourt 2014 por su novela No llorar. Tarde para la ira, de Raúl Arévalo, optaba al premio a la Mejor Opera Prima, que finalmente fue a parar a El rey tuerto, de Marc Crehuet. Vientos de La Habana, de Félix Viscarret, se exhibió fuera de competición.

Paralelamente se programó un pequeño ciclo de cine negro español, que arrancaba con El cebo (Ladislao Vajda, 1958) y llegaba hasta la cosecha de 2016, pasando por Enrique Urbizu (La caja 507, 2002, y No habrá paz para los malvados, 2011), La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014) o la serie Crematorio (Jorge Sánchez-Cabezudo, 2011). El propio Urbizu protagonizó uno de los mejores momentos del festival con el encuentro en el que habló sobre el cine negro que le interesa, que no es otro que el que “habla del funcionamiento oculto del sistema… del camino del dinero” y que para él “ha de ser conciso, exacto, narrativamente muy preciso, en el que las piezas deben encajar”. Tras identificarse especialmente con “la austeridad y la abstracción de Jean Pierre Melville”, afirmó que la industria española se ha apuntado al auge actual del género, lo que puede llevar a “repetir modelos de éxito”, con lo que “la mayoría de esos thrillers han abandonado mayores ambiciones que la ambientación. No hablan ni de estructuras, ni de sistemas, ni del mundo en el que se desarrollan las películas”, en lo que calificó de “vaciado del género”. El que puede ser considerado como el renovador del género en España a partir de los noventa, y uno de los realizadores españoles que mejor explica su cine, defendió el thriller como cine social, afirmó que “Hay que contextualizar a los personajes”, porque “estos no viven flotando en la nada” y reivindicó “la responsabilidad política del cineasta”.

La sección La ventana vasca, nacida del decidido apoyo de las instituciones vascas al festival (mientras las ayudas del ICAA continúan siendo testimoniales) se centró en esta edición en un ciclo sobre Gernika, ochenta años después del bombardeo de la ciudad por la aviación alemana, con películas de Nemesio Sobrevila o Alain Resnais y que concluyó con la fallida Gernika (2016), de Koldo Serra.

La figura homenajeada este año fue Emma Suárez (un año tras otro no deja de sorprender la popularidad de actores y realizadores españoles en la ciudad) de la que se exhibieron, entre otras, las películas que le supusieron sendos Goyas en la última edición: Julieta, de Almodóvar, y La próxima piel, de Isaki Lacuesta e Isa Campo.

Jo Sol recibió el premio del Jurado Joven por Vivir y otras ficciones; Paco León, su tercer premio en el festival, el del Público, por Kiki, el amor se hace; El fin de ETA, de Justin Webster se hizo con el de Mejor Documental; y la inevitable Timecode, de Juanjo Giménez, con el de Mejor Cortometraje.

Unos meses antes, la directora del festival Pilar Martínez-Vasseur fue reconocida con la Legión de Honor francesa por sus méritos académicos, entre los que figuran sin duda la creación y mantenimiento del festival desde hace veintisiete años.