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Campanadas a muerto (Imanol Rayo). San Sebastián 2020 – New Directors

Karmen y su hijo Néstor están en la cocina preguntándose por Fermín, el padre, que no ha regresado a casa esa noche. A lo lejos se oyen unas campanas tocando a muerto. Karmen sale corriendo, Néstor detrás. La cámara permanece fija en la cocina vacía. Corte a un primer plano de los pies de un gran Cristo crucificado. Karmen y Néstor entran en la iglesia. La cámara se queda en el exterior mientras oímos el grito ahogado de Karmen. Corte al interior de la iglesia con el cadáver de Fermín al que se acercan su mujer e hijo.

Sirva la descripción de esta escena como testimonio del gran trabajo de puesta en escena de Imanol Rayo, su estilo sintético, apoyado siempre en el plano fijo y el fuera de campo, ese estilo que suele calificarse de bressoniano. Rayo domina la puesta en escena como muy pocos otros cineastas españoles; le queda por demostrar su valía como narrador. O falta que demuestre el mismo dominio sobre un material propio que le permita adecuar su estilo con aquello que nos cuenta. El guion de Campanadas a muerto está firmado por Joanes Urkixo, que adapta una novela de Miren Gorrotxategi, una drama rural con ecos de la fábula bíblica de Caín y Abel. En la película, el enfrentamiento entre dos hermanos (por Karmen, por el caserío familiar) se desdobla cuando los hijos gemelos de uno de ellos acaban también peleándose por una chica, pero sobre todo por culpa de sus personalidades contrapuestas. Así, la historia que sucede en 1972, 1990 y 2004, va dando saltos en su cronología con sucesivos flasbacks explicativos, a veces subrayados por una música enfática y totalmente inadecuada.

Campanadas a muerto (título demasiado vulgar) tiene algo en su historia que remite al último delirio de Julio Medem, El árbol de la sangre, sin mafia rusa por en medio, más contenido, pero con ese mismo apego por el drama telúrico. Rayo hace lo que puede por disimular los disparates y continuos ecos rituales del guion, pero, quizás, su película, o más bien la película de los productores y guionista, necesitaba antes un Medem que un Rayo.