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Rascal (Peter Dourontzis). SEFF 2020 – Nuevas Olas

Rascal, el tercer trabajo del cineasta francés Peter Dourontzis, es quizá una de las propuestas más contundentes y sorprendentes de la sección Nuevas Olas. Un juguete perverso que ya desde sus primeros compases -la secuencia en el vagón de tren con el que arranca la cinta- pronostica los vaivenes hitchcockianos hacia los que se dirige el largometraje -con Psicosis y sobre todo Frenesí como sus máximos referentes- de una obra que se emparenta con trabajos recientes del cine francés –Synonyms de Nadav Lapid y su protagonista escindido y alienado del grupo social- pero sin la autoconsciencia trascendestalista de la obra de Lapid. Al contrario, la película de Dourontzis aparenta en su primer acto una falsa apariencia liviana cercana a la vitalidad y al ritmo flotante y non stop de los primeros trabajos de Jean Luc Godard tales como Pierrot el loco o Banda Aparte, para romper, al igual que el Psicosis de Hitchcock el tono y el significado del largometraje de manera totalmente abrupta.

Un giro escalofriante, potenciado por un uso del fuera de campo que se repetirá aleatoriamente a lo largo del metraje restante del filme y que reinterpreta y aporta hondas capas de significados a la personalidad oculta y vaciada de su protagonista, Djé. Un personaje de moral disociada, cuyo caracter escurridizo es ya introducido por el cineasta en esa primera secuencia del filme en el vagón de tren. Lugar donde, al estilo de la Marion Craig de Psicosis, su aparente protagonista femenina -con la que la cinta nos introduce en la obra y luego la deja marchar entre los márgenes del fotograma- se nos presenta al mencionado Djé. Un hombre de pasado desconocido, de personalidad ambivalente, a veces seductor y carismático, otras veces malsano y perverso, al que el objetivo de Dourontzis intenta infructuosamente -a partir de primeros planos de su rostro esquivo- escudriñar aquello que anida en el interior de sus pensamientos y su alma. Un alma y un rostro que se convierte en metáfora del nihilismo y desesperanza de una Francia socialmente crispada de la segunda década del siglo XXI.