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Fernando Colomo

 Versión ampliada de Caimán CdC nº 43 (94)

UN RODAJE TERAPÉUTICO
Carlos F. Heredero

¿De dónde surge la idea de hacer esta película y de hacerla, además, de esta manera tan fresca y con tan pocos medios?
La película nace como un juego y como una necesidad. Había vuelto a Menorca después de muchos años y estaba en casa de unos amigos cuando pensé que todo aquello, la casa de Nuria y los amigos de por allí, podía servir para hacer una película. Era casi como un pretexto a modo de primer impulso para iniciar un proyecto. Claro, luego me di cuenta de que el proceso tradicional de la industria, escribir un guion presentarlo a las televisiones, buscar varias fuentes de financiación, todo eso es un proceso larguísimo que no servía para un film de esta naturaleza. Por lo que me plantee hacerlo casi sin dinero, utilizando todo lo que había allí, con los amigos interpretándose a sí mismos y de manera muy sencilla. Pese a todo, se necesitaba un mínimo de dinero que, por fortuna, conseguí de Coca Cola y de Atlantic Cooper, donde conocía a unos amigos. Así logré levantar unos 70.000 euros con apenas un folio y eso fue lo que me animó…

Nos gustaría saber si todos los actores se interpretan a sí mismos y quiénes son actores profesionales y quiénes no…
La única actriz profesional que hay en el film es la que interpreta a la mujer de Miguel Ángel. Y por otro lado, el enredo de los chicos jóvenes. Aquí están Olivia y Lluís, que son actores no profesionales, pero bastante buenos, y que se interpretan a ellos mismos, igual que el otro chico, que fue compañero de Olivia en su escuela. En realidad, la película se hace finalmente porque yo veo en Olivia una fuerza y unas ganas tremendas de tirar del carro. Iba a muerte a todo y con un enorme entusiasmo.

Y, en esta misma línea, ¿qué partes de la trama se han extraído del mundo y de las experiencias reales de los actores que la interpretáis?
Lo que intentamos era aprovecha todo lo que era real. Todo lo que mi personaje habla sobre la publicidad, por ejemplo, es real. Todo lo que Olivia cuenta sobre una familia disfuncional, también. Y su madre, Nuria, no sabía lo que Olivia le iba a decir en cada momento, por ejemplo. La historia del ménage a trois de los jóvenes es ficción, pero se le ocurrió a Olivia y yo lo integré en la película.

¿Cómo se planteó el rodaje en estas condiciones y cómo trabajó la relación de los actores con la cámara?
La apuesta consistía en tener mucha libertad y simplificar al máximo la técnica. La película está filmada con dos pequeñas cámaras digitales: una, que era la principal, y otra de apoyo por si tenía que hacer algún plano se servicio. La idea es que nunca tuviéramos que repetir el contraplano, puesto que no éramos actores profesionales. Yo no les obligaba con los rácords, y para eso me ayuda la segunda cámara. Y no había marcas para los actores, a fin de dejarles la mayor libertad posible. Por tanto, cada escena está rodada de un tirón, salvo pequeñas variaciones que hacíamos en alguna toma posterior si algo se había cortado o había salido mal. Los actores se vestían como querían o decidían ellos, y tampoco hay maquillaje. La casa de Núria es la suya propia y lo que comemos lo cocinaba ella.

¿Hasta qué punto estaban escritos los diálogos de los personajes…?
En principio, no estaba escrito ningún diálogo, pero luego me animé a escribir algunos de los de Miguel Ángel, el que hace de mi amigo, sobre todo en las escenas dentro del coche. Nunca hubo un guion como tal; tenía tan solo una especie de ‘tratamiento escaletado’ y un plan de rodaje que me llevó mucho trabajo, porque tenía que adaptarme al calendario de algunos de los que participaban en el rodaje, lo cual me impidió rodar todo por orden, que es lo que yo quería inicialmente.

Resulta inevitable ver al protagonista como un álter ego suyo. ¿Hasta qué punto se siente realmente retratado en la película y qué hay en él de su propia biografía?
La película es claramente un exorcismo personal para mí. Está hecho en un momento muy complicado de mi vida, que son las encrucijadas en las que pueden surgir este tipo de cosas. Cuando hablo del divorcio, todo eso es verdad, lo de la mudanza también; en fin muchas cosas, incluida una operación que sufrí cuando estaba empezando a preparar el rodaje. Lo podía haber hecho escribiendo un guion y de forma convencional, pero eso me habría llevado tres años y, dada mi edad, sentía que no podía esperar tanto tiempo. La verdad es que tardé mucho en decidirme a interpretarla. Durante muchos meses pensé que podía hacerlo Álex Angulo, pero luego ya, cuando éste murió, vi que no me quedaba más remedio. Y de hecho, hice un esfuerzo tremendo para intentar quitarme secuencias, y de ahí que mi historia alterne con la de los chicos jóvenes, contrariamente a mi tendencia habitual de tener siempre un protagonista muy potente.

¿En algún momento del proceso la película llegó a tener otra forma u otro desenlace?
Sí, hubo un primer rodaje, de dos semanas en septiembre y dos de octubre de 2014, y de ahí salió un montaje inicial con un primer desenlace, que incluía el suicidio de mi personaje, luego esto se transformaba en un sueño demasiado largo y tenía un carácter totalmente distinto. Ese primer montaje se lo enseñamos a algunos amigos, pero la verdad es que ese tercer acto no nos terminaba de convencer a ninguno, así que mucho después, en mayo de 2015, volvimos a Menorca para rodar un final distinto más acorde con el tono general del resto de la película. Y esa última parte está algo más escrita que lo anterior, en especial todo lo que rodea al personaje de Miguel Ángel.

¿Podríamos llegar a suponer entonces, por este cambio del desenlace y por lo que ha supuesto la propia realización del film, que se ha tratado de una experiencia curativa para usted?
Sí, sin duda; ha sido terapéutica. En un momento en el que estás acosado por todos los lados, poder hacer una película y jugártelo todo con esta libertad, era muy reconfortante para mí. Me he sentido muy feliz rodando. Probablemente sea en estos momentos de crisis, al salir de la zona de confort, cuando surgen cosas interesantes. A lo peor, si hubiera llevado una vida más cómoda y más estable, todo hubiera sido más aburrido y más previsible.

¿Hasta qué punto un proyecto como éste, rodado con esta libertad y esta ligereza, puede haber recibido el impulso que se desprende de los rodajes más libres, con material digital, de los cineastas españoles más jóvenes de hoy en día?
Trabajar así es mucho más interesante, desde luego. Lo cierto es que la forma de rodar se ha ido complicando con el paso del tiempo. Desde el momento en que empiezas a tener más presupuesto y en que interviene más gente, vas perdiendo control. Los que ponen el dinero quieren ver el guion, ¡y encima quieren entenderlo!, pero claro, los guiones no son fáciles de entender. Ellos quieren guiones explicativos y reiterativos, pero todo eso, al final, acaba encerrando al cine en un concepto más propio de oficina que de otra cosa, pero así se pierde mucho verdad y mucha emoción. En esta película, sin embargo, yo tenía la libertad de fracasar, y eso me daba mucha libertad. Es una situación a la que he llegado por mí mismo, porque además ya me pasó algo parecido en La línea del cielo. Además, esta ha sido la película en la que más he escuchado a los demás, en la que se podido integrar más la colaboración de toda la gente del equipo.

¿Cuáles son las tres películas en las que usted salía como actor y que aquí recupera para contar los fracasos amorosos de su personaje?
La primera que sale es Todos los hombres sois iguales, de Manuel Gómez Pereira, en la que tenía un papel muy pequeñito. La segunda es Todo es mentira, de Álvaro Armero, y la tercera es Entre vivir y soñar, de Alfonso Albacete y David Menkes, en la que salgo con Carmen Maura. Es una idea que tenía para un proyecto anterior y que ahora, por fin, he podido meter aquí.