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Todos los caminos del cine

1 mayo, 2007

 

Todos los caminos del cine.
Editorial Mayo 2007.

Carlos F. Heredero / Jean-Michel Frodon.

 

Cahiers du cinéma. España asume con gusto ese “peso de las influencias” que resulta imprescindible para que una obra alcance “una originalidad significativa” (Harold Bloom dixit), porque esas influencias nacen –y tienen su piedra angular– en la trayectoria histórica descrita por su hermana mayor, desde el acto fundacional instaurado por André Bazin en 1951 hasta el Cahiers contemporáneo que se interroga de forma crítica sobre el papel que juega el cine en el momento presente. Pero Cahiers-España asume también una herencia fundada sobre el itinerario que conduce desde la republicana Nuestro Cinema (allá por los lejanos años treinta) hasta la más reciente Dirigido por, pasando por Objetivo, Cinema Universitario, Nuestro Cine, Film Ideal, Griffith, Documentos Cinematográficos, Cinestudio, Fulls de Cinema, Contracampo, Cinema 2002 o Casablanca, sin olvidar las aportaciones de cabeceras como Vértigo, Banda Aparte o Letras de cine. No nacemos pues en el vacío, sino que aparecemos como prolongación y como reacción a la vez frente a unas revistas que han provocado en nosotros aprendizaje, oposición, conocimiento, debate, reflexión o complicidad.

Este “alumbramiento”, que se quisiera tan feliz como el de Víctor Erice, nos obliga a preguntarnos una y otra vez, con Serge Daney, “cómo ir hacia una imagen” y nos compromete a repensar el ejercicio de la crítica cinematográfica frente a todos los desafíos que nos plantea el universo audiovisual de nuestros días. No es una empresa pequeña, y probablemente todavía menos en España y en el ámbito de la crítica hispanohablante, hacia el que –por el conducto natural de una lengua común— también se dirigen estas páginas. Es un desafío de considerable envergadura, somos conscientes, pero también apasionante y revitalizador, capaz de movilizar algunas de las energías más incisivas y sólidas, pero también otras más jóvenes y despiertas, que hasta ahora se encontraban dispersas y que buscaban un cauce coherente para su expresión.

La aparición de Cahiers-España se enmarca, por otra parte, en un proceso de proyección internacional emprendido por Cahiers du cinéma, que se ha concretado también, recientemente, en la presentación de la revista francesa traducida al inglés sobre Internet (www.e-cahiersducinema.com). Esta estrategia viene a afirmar, hoy más que nunca, la necesidad del trabajo crítico en el mundo entero y en todos los frentes. Cahiers-España publicará cada mes alrededor de un tercio de los textos publicados en la revista francesa, procedentes de todos los campos en los que sus páginas intervienen (crítico, teórico, periodístico, histórico) al lado de los trabajos y artículos escritos directamente por los críticos y los colaboradores españoles.

Nuestra respuesta, frente a la creciente uniformización del discurso dominante sobre el cine, frente a la tentación siempre reconfortante de instalarse en los márgenes de lo real y de aceptar pasivamente esa realidad que se nos impone, será siempre, siguiendo a Claudio Magris, “la continua, humilde y adogmática búsqueda de jerarquías de valores”, porque creemos que también en el ámbito de la crítica “es necesario un pensamiento antiidólatra, un pensamiento fuerte capaz de establecer jerarquías de valores, de elegir y, por consiguiente, de dar libertad, de proporcionar al individuo la fuerza de resistir a las presiones que le amenazan y a la fábrica de opiniones y de eslóganes”.

El ejercicio de la función crítica no estará limitado en nuestras páginas, por ello, a la consideración de las películas que se estrenan sobre las pantallas comerciales. Ese reducto es ya demasiado pequeño como para dar cuenta, por sí solo, de la amplia, heterogénea y compleja red de experiencias y senderos por los que circulan las imágenes en el mundo actual. Nuestra mirada se dirige hacia el conjunto de las expresiones del universo cinematográfico. Y tiene la voluntad de ser una mirada radical (porque quiere ir a la raíz de las cosas), reflexiva (porque tiene la voluntad de abrir interrogantes), comprometida (porque aspira a intervenir en los debates desde nuestro propio punto de vista) y también razonada, porque sabemos bien, como decía Baudelaire, que “para ser justa, para tener su razón de ser, la crítica debe ser parcial, apasionada, política, es decir, hecha desde un punto de vista exclusivo, pero desde el punto de vista que abre el máximo de horizontes”.

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