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Festival de Málaga. Secciones paralelas / día 9

25 marzo, 2017

Festival de Málaga. Secciones paralelas/ día 9
Enric Albero

DOCUMENTAL

LA BALADA DE OPPENHEIMER PARK (Juan Manuel Sepúlveda)

La balada del Oppenheimer Park - Juan Manuel Sepúlveda

El Oppenheimer Park de Vancouver es un contenedor de escombros humanos. Allí viven, es un decir, los descendientes de los nativos americanos (esos que para nosotros siempre fueron los indios). Aunque Sepúlveda rueda en un espacio abierto, su película es claustrofóbica: la colocación de la cámara aplasta los encuadres, apenas vemos el cielo, y esos zombies alcoholizados que deambulan por el parque sobreviven en un ambiente irrespirable.
Es este un western documental que repasa determinadas características del viejo género en clave forense, advirtiéndonos de que algunos de los elementos que lo hacían posible se nos mueren. El espacio abierto como cárcel pone fin al mito de la reserva india situada en un entorno bucólico; el agua de fuego conduce a guerreros y squaws a la autodestrucción; las pipas ya no son de madera sino de cristal y se fuman para desaparecer del mundo y no para firmar la paz; los viejos ritos son ahora representaciones decadentes y el ejército yanqui (esos dos policías que aparecen brevemente) ya no necesita tener controlados a los verdaderos propietarios de América del Norte porque la bebida, las drogas y la reclusión bastan para garantizar su aniquilación. Triste y descarnada, la película del realizador mexicano es un brillante ejercicio de estilo que no impide que la realidad se imponga a su mirada -y no al revés- cuya última imagen, tal vez depositaria de una esperanza mínima, no es un plano general en el que el cowboy camina hacia un horizonte infinito sino el close-up del rostro de alguien destrozado que huye a la desesperada sin saber si podrá escapar de sí mismo. Brutal.

CRIMEN DE LAS SALINAS (Lucas Distefano)

Crimen de las salinas - Lucas Distefano

Lucas Distefano reconstruye un homicidio que recuerda, con ligeras variaciones, al que inventó James M. Cain en El cartero siempre llama dos veces, con una gran diferencia: este fue real. Una mujer de 33 años se casa con un hombre de 77 y, tres años después, con la ayuda de su hermano, lo asesina. Pero el trabajo de Distefano no se limita solo a repasar los hechos, hay una mirada más profunda a la comunidad en la que se inscribe el luctuoso episodio. Se da pábulo a los rumores que circulan y que hurgan en las causas de lo ocurrido, se da voz a abogados, jurados y vecinos y, lo más importante, al hermano implicado en el asesinato (la autora no quiso participar en el filme). El formato de entrevistas se antoja un tanto rígido -y va encaminado a buscar las respuestas que interesan- y los sucesos se perciben con mayor naturalidad cuando la cámara observa (las conversaciones de peluquería) en lugar de interrogar.

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