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Festival de Málaga. Sección oficial / día 4

20 marzo, 2017

Festival de Málaga. Sección oficial / día 4
Enric Albero

NO SÉ DECIR ADIÓS (Lino Escalera)

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Carla (Nathalie Poza) es una mujer autodestructiva. Adicta, entre otras cosas, a la cocaína y al trabajo, consume sus días esperando no sabe bien qué. Cuando recibe la llamada de su hermana Blanca (Lola Dueñas), advirtiéndole de que su padre (Juan Diego) está enfermo y necesita que se desplace a Almería para ayudarla a cuidarlo, los olvidados lazos familiares volverán a tensarse. Lino Escalera aborda está relación paternofilial, entre el relato fúnebre y el ajuste de cuentas vital, desde una puesta en escena extremadamente rigurosa: la poca profundidad de campo aplasta a los protagonistas contra fondos abstractos, como si naufragaran en un mar impresionista; el juego con los reflejos (ventanas, espejos, pasillos) sirve para enfrentar a cada miembro de la familia consigo mismo en lo que supone un angustioso y permanente interrogatorio existencial; el manejo del tono –¡con qué facilidad pasa del drama más crudo a la comedia!– resulta sorprendente; la alternancia lumínica (el rojo y el azul) nos sume en un purgatorio plagado de pasillos que no se sabe si conducen al cielo, al infierno o a ninguna parte; el delicado y puntual uso de la música funciona como un paliativo para rebajar la tensión… Estos son algunos de los muchos ejemplos que hacen de esta notabilísima película una de las cumbres de este festival, obra de un realizador al que no hay que perderle la pista. Hablar sobre la excelencia actoral casi resulta sonrojante; mejor deléitense viendo a un Juan Diego inconmensurable (¿cuántas veces van ya?) o a esa Nathalie Poza destroyer y frágil, por no hablar de la naturalidad desarmante de Lola Dueñas. Una película de la que cuesta despedirse. Magnífica.

ME ESTÁS MATANDO SUSANA (Roberto Sneider)

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Eligio (Gael García Bernal) es un actor de anuncios y telenovelas. También es un crápula. Está casado con Susana (Verónica Echegui), una aspirante a escritora. Tras la enésima juerga de su marido, ella se marcha sin previo aviso a realizar un curso literario a una universidad perdida en mitad de Iowa. Esta comedia romántica con tintes étnicos trata de cuestionar determinados clichés raciales, si bien sus bromas no rebasan lo anecdótico y apenas pinchan en hueso (discurso bastante inocuo en plena era Trump). Funciona mejor cuando se esfuerza por subvertir los roles genéricos y carga con dureza contra el machismo atávico que Eligio parece llevar incrustado en su ADN. El cuerpo desnudo de Echegui, autoafirmándose frente a la retrógrada tozudez de su esposo que insiste en que se tape, tal vez sea el mejor mensaje que se puede extraer de un film convencional, con un guion que se permite demasiadas licencias para que la pareja vaya perdiéndose y encontrándose según conviene, y que termina con una nalgada que embarra un tanto la reivindicación de libertad femenina (por más que García Bernal pronuncie ese “sin paternalismo” que no pretende sino justificar su acto).

ME CASE CON UN BOLUDO (Juan Taratuto) Fuera de competición

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Lo mejor de Me casé con un boludo es comprobar cómo, a pesar del desenfreno actoral que preside la función, el talento para la interpretación de Valeria Bertuccelli logra sobreponerse, en un par de momentos afortunados, al histrionismo generalizado. Y es que esta comedia romántica sobre un actor egocéntrico (Adrián Suar) que se redime por amor, va yuxtaponiendo imágenes gastadas y situaciones archisabidas y puede que, justamente por eso, por saquear impúdicamente el arsenal de recursos de un género hipercodificado que jamás se pretende cambiar, la película haya logrado millón y medio de espectadores en Argentina e hiciera estallar las carcajadas del público que ayer domingo abarrotaba la sala principal del Albéniz. Al fin y al cabo, lo que ofrece es tan reconocible, tan obvio –la reiteración ad nauseam del mensaje de que es necesario el fingimiento diario para mantener la estabilidad emocional o el Vivir así es morir de amor de Camilo Sesto como leitmotiv– que la audiencia tarda un microsegundo en disfrutar del placer de los iniciados en materia de comedia amorosa.

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