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Entrevista Haifaa Al Mansour

25 marzo, 2020

Entrevista Haifaa Al Mansour
Juan Carlos Cortés / Ager Mendieta

La candidata perfecta se perfila como un retorno a los mismos paisajes, a la vida íntima de las mujeres que reflejaba La bicicleta verde… ¿Fue premeditado este regreso?
No sé si lo pensé, pero sí reflexioné respecto a posibles películas en EEUU y en Arabia Saudí. Yo trabajo en los dos países, pero en Arabia Saudí es algo mucho más íntimo, más fácil, es mi cultura; también en cierto modo es más delicado. Y tengo una forma de tratar con mis tradiciones a través de la que puedo usar el humor, la música y el canto para hacer que la historia sea feminista pero también gentil, amable y que conmueva a la gente. En cierto modo sí es una continuación de La bicicleta verde.

Toda su obra ha girado en torno a la liberación de la mujer y su visibilidad en la sociedad. Aquí también señala cómo la modernización del país no solo pasaría por la participación de la mujer en política o el hecho de poder conducir, sino también por la recuperación de una cultura tradicional prohibida que incluiría la existencia de galerías de arte o la posibilidad de dar conciertos públicos de música tradicional, como hace el padre de la protagonista. En la escena final, cuando la protagonista sale a cantar las canciones de su madre, ¿quería con ello mostrar que la modernización no tiene por qué renegar de esa tradición?
¡Totalmente! Hay muchas cosas que debemos conservar, pero también otras muchas que debemos desechar, sobre todo en una cultura como la nuestra, que es muy conservadora, donde hay mucha literatura que habla justamente de excluir a la mujer, de no fiarse de ella para el liderazgo. Esto hay que reexaminarlo, encontrar la manera de ir más allá. Pero desde luego creo que hay que respetar la cultura, la música, el arte y muchas de las tradiciones familiares también. Es muy divertido juntarse en una mesa llena de gente, donde todo el mundo se reúne; en eso somos muy italianos, nos reunimos muchísimos primos, tíos… y ese sentido de la familia es muy importante. Pero sí creo que debemos reconocer muchas cosas de nuestra cultura.

Es curioso el vínculo de La bicicleta verde y La candidata perfecta con los zapatos… ¿Qué hay detrás de esa recurrente idea de cambiarse los zapatos?
Las protagonistas tienen dos personalidades: una detrás del velo y otra delante. Ellas expresan su dualidad a través de este aspecto. Y pensé que una forma de mostrarlo era a través de los zapatos, sobre todo en La bicicleta verde. Todas las niñas son iguales, así que tenemos que proporcionarle a ella una personalidad a través de la puesta en escena, algo que la diferencie. Entonces, cuando ves los zapatos, entiendes quién es ella, es un elemento que hace que te relaciones con el personaje.

Dejando un poco de lado su película Mary Shelley (2017), que quizás sea un caso un tanto especial, su obra saudí se caracteriza por una puesta en escena sencilla, un tono más bien optimista y positivo, que elude la confrontación más agria. Las mujeres extraen victorias de sus fracasos, como sucede con la protagonista de La candidata perfecta que, a pesar de ser derrotada, consigue su objetivo inicial de que se asfalte el camino que lleva al centro de salud. ¿Tiene en mente seguir dando pasos con sus películas en esa dirección?
Creo que realmente su victoria es un autodescubrimiento, ese es el verdadero camino. Tanto en la primera como en la segunda película el gran premio no es solo lo que consiguen (poder montar en bicicleta por la carretera), sino comprenderse a sí mismas, entender el mundo y su situación en él. Eso es algo muy valioso, el descubrimiento de uno mismo no tiene precio; el saber, el conocimiento que han obtenido es tremendo. Pero verdaderamente, como mujeres, tenemos que valorar tanto el éxito como el fracaso, porque realmente a través del fracaso puedes alcanzar el éxito, fracasar no es el fin del mundo, tienes que levantarte otra vez y seguir adelante.

Respecto a los protagonistas masculinos de La candidata perfecta, se observan en la película reiterados planos detalle de diferentes masculinidades que no son las habituales en Arabia Saudí y que conviven con el rígido tradicionalismo ¿Cómo quiso reflejar la convivencia entre esas distintas masculinidades contrapuestas? Es muy difícil encontrar planos detalle de hombres llorando o expresando su sensibilidad, tal y como se ve en esa pequeña historia de amor de La candidata perfecta…
Creo que es muy importante mostrar otra masculinidad: en todo el mundo existe el estereotipo del hombre controlador. Es dramático y además es fácil. Y claro que existen masculinades tóxicas: hombres controladores, duros y autoritarios, pero también hay otro tipo de hombres, seguros de sí mismos, y a los que les gusta que una mujer tenga éxito. Es hora de que se les muestre en el cine, es necesario que el público general los vea.

Desde su primer largometraje, La bicicleta verde, han transcurrido siete años ¿Qué cambios se han producido desde aquel rodaje en el que tenía que dirigir desde el interior de una furgoneta con un monitor y un walkie talkie hasta este último rodaje de La candidata perfecta? ¿Y qué evolución ha seguido la industria cinematográfica saudita en cuanto a las ayudas a la producción, la posibilidad de realizar castings y las facilidades de permisos por parte de las autoridades?
Es a la vez más fácil y más difícil, porque la película es más grande, se necesitan más recursos; eso sí, la industria no se ha movido desde La bicicleta verde. No hay directores de casting, se puede hacer en abierto, pero nadie te va a ayudar y no existen bases de datos de actores. Hay que ir casi de puerta en puerta. Cuando estás buscando un decorado o una localización, te cobran el doble si saben que es para una película. Pero lo más asombroso es que, como el rodaje era legal, cuando estábamos en la calle, si alguien nos molestaba llamábamos a la policía, comprobaban los permisos y les echaban. En ocasiones nos llegaron a dejar un coche patrulla para protegernos. Y eso no ocurría antes. En La bicicleta verde siempre estábamos muy tensos cuando rodábamos en exteriores, incluso personas que no eran oficiales podían molestarnos y nos íbamos si nos echaban porque tenían más poder que nosotros. Como artistas realmente no éramos nadie. Esta vez eso ha cambiado completamente.

El humor forma parte de su discurso con más peso incluso que el drama: ¿cree que la mejor forma de narrar estas historias es a través de la comedia?
Sí, creo que el humor hace que las personas bajen la guardia y acepten cosas que normalmente no escucharían. Hasta hace muy poco no había cines en Arabia Saudí. Por tanto, desconocía la reacción del público, y yo quiero que éste se ría, disfrute con la música, que tenga momentos maravillosos. Creo que esa experiencia cinematográfica es muy importante para mí y para el público. Yo me veo como alguien que entretiene y claro que quiero hablar de los derechos de la mujer, de su posición, de feminismos, pero también quiero contar una historia que la gente aprecie.

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