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Entrevista François Ozon (versión ampliada de Caimán CdC nº 56)

2 enero, 2017

Entrevista François Ozon
José Enrique Monterde

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¿De dónde procede la idea del film, sobre todo en relación al antecedente de Broken Lullaby?
De la pieza teatral de Maurice Rostand, que desconocía. Me gustó esa idea del soldado francés que va a poner flores sobre la tumba de un soldado alemán. Así que comencé a trabajar cuando aún no conocía el film de Lubitsch; al saber de éste me sentí algo descorazonado, pero de inmediato pensé en hacer algo diferente, desde la perspectiva de esos alemanes que habían perdido la guerra, sobre todo en la joven alemana. Lubitsch había hecho su film en los años treinta, antes de la Segunda Guerra Mundial, lo cual otorga una mirada diferente a la historia. Él –que era alemán- hizo un film sobre un joven francés y yo que soy francés he hecho un film sobre una alemana.

Lubitsch fue fiel a la obra de Rostand, como yo, aunque yo descubrí que era homosexual, lo cual aún le da otra dimensión a la historia. He querido plantear el film como un espejo que se interpone entre dos países, entre dos lenguas, mientras que en Lubitsch todo transcurre en inglés, dada la tradicional convención hollywoodiense.
 
La mezcla de intérpretes franceses y alemanes, ¿era un presupuesto para el film?
Sí, el público actual no acepta la convención de un actor hablando en inglés con acento polaco o español; en España sé que se doblan las películas, mientras que en Francia la gente prefiere oír la voz de los actores, lo cual obliga a que en ese sentido el film también sea realista, en su reconstrucción histórica; además, en este caso la lengua es también el tema del film. El hecho de que Adrien, que es francés, hable alemán y que Anna haga lo recíproco es algo importante.
 
¿Cuál era su intención al abordar un film de tipo histórico como éste?
Quería poner un espejo donde se reflejase lo que había pasado en Alemania y en Francia: así la escena de exaltación nacionalista en Alemania, pero también La Marsellesa en Francia; o el paseo entre la naturaleza en Alemania y en Francia, lo cual no es una construcción dual casual. Me interesaba mostrar el viaje: primero Adrien viaja de Francia a Alemania, luego es Anna quien va a Francia y descubre la familia de Adrien, por lo que entiende muchas cosas…
 
Creo que este es su primer film histórico…
En efecto, es mi primera incursión en el pasado histórico. Eso era algo nuevo para mí, algo excitante, pues sobre esa época hay muchos documentos, mucho material de archivo, de forma que en Francia los historiadores han podido trabajar sobre el período 1914-18; en cambio resulta sorprendente que buscando cosas semejantes en Alemania he comprobado que los historiadores alemanes apenas han trabajado sobre ese período pues han estado muy concentrados en la Segunda Guerra Mundial. Tal vez sea porque en realidad la Gran Guerra tuvo lugar sobre todo en territorio francés y apenas en el alemán, por lo que ahí no hay muchas trazas de la guerra, a diferencia de lo que ocurre en el Norte y Este de Francia.
 
Y el uso del blanco y negro de la fotografía…
Es por el realismo, además de que para mí significaba una prueba y una manera de entrar mejor en esa historia; paradójicamente la renuncia al color resulta más realista, pues el imaginario de esa época es en blanco y negro. Para mí el b/n se identifica con lo real, mientras que el color se asociaría más con la ficción, con los momentos de vida, de felicidad…Eso explica los momentos de color en el film.
 
La elección como protagonista de Paula Beer, que creo está espléndida…
Consideré a varias actrices alemanas, haciendo ensayos con ellas, con la condición de que hablasen francés. Comprobé que Paula tenía una gran madurez –a pesar de sus solo 20 años- y algo de melancolía en su mirada que me impresionó; trabajamos juntos y eso funcionó, la química resultó y de ahí mi decisión, revalidada luego por el premio a la mejor actriz en la Mostra de Venecia.
 
El personaje de Adrien resulta tal vez ambiguo, no sabemos que quiere o que le interesa…
Realmente es un personaje muy complejo; por eso escogí a Pierre Niney, que ha hecho mucho teatro y que es capaz de otorgar esa ambigüedad al personaje, haciéndolo algo misterioso, como quien posee un secreto. Además, se trata de un personaje que al final provoca una decepción amorosa, una desilusión que también alcanza al espectador, cuando se descubre cuan frágil y prisionero de su familia y de su historia es…y es entonces cuando el personaje de Anna engrandece, mientras que él queda verdaderamente encerrado en su historia.

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