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El escándalo (Jay Roach). Crítica

10 febrero, 2020

El escándalo (Jay Roach). Crítica.
Jonay Armas
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Estados Unidos parece incapaz de hacer las paces con su pasado sin abrir de nuevo sus profundas heridas. En especial con los acontecimientos más recientes: cuando surge una voz crítica con el deseo de poner las cosas de manifiesto, bien por denunciarlas o bien por el poder de atracción que puedan generar, se instalan un buen número de inconvenientes insalvables sobre el relato. La obsesión por las fechas reales, un respeto a las víctimas que puede poner la veracidad en juego, el ánimo de no dejarse nada en el tintero, la insistencia con el parecido y las prótesis de maquillaje, la necesidad de un ritmo narrativo frenético para poder nombrarlo todo en tiempo récord o el deseo de que cada línea de diálogo subraye la inteligencia de la propuesta… Obstáculos que ponen en peligro la nobleza originaria del proyecto.

Las propuestas de la última década se han revelado como odiseas que luchan contra esas limitaciones, debatiéndose siempre entre apostar por el rigor periodístico o por encontrar un verdadero aliento cinematográfico, conceptos en apariencia irreconciliables. Así hemos asistido a la afilada corrección política de Margin Call (J. C. Chandor, 2011), a la vocación divulgativa de La gran apuesta (Adam McKay, 2015) o a las aventuras en tierra de nadie de La verdad (James Vanderbilt, 2015). También contarían en esta carrera las nuevas propuestas salidas de la televisión: The Morning Show (Jay Carson, 2019), que también trata un caso de acoso sexual en el seno de una cadena televisiva, o La voz más alta (The Loudest Voice, 2019), que trata, al igual que El escándalo, la caída de Fox News y de su responsable, Roger Ailes, solo que esta vez la oportunidad de revisitar el tema radica en hacerlo desde la perspectiva de las mujeres que sufrieron los acosos, y no desde la fascinación por recrear a un monstruo. Todo ello cámara en mano y reviviendo aquello como si se tratase de una persecución contrarreloj. Al final la estética de Paul Greengrass no afectó tanto al género de acción que estaba por venir como al periodístico.

 

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